La dimensión colectiva de lo vivido posibilitó la apertura de un espacio insólito: la Red Ciudadana tras el 11-M. En esta red informal, abierta y de confianza, familiares de personas fallecidas pudieron encontrarse con heridos, y éstos con trabajadoras sociales, y éstas con militantes de movimientos sociales, y éstos con víctimas de otras catástrofes... y juntas se plantearon preguntas por el sentido concreto de las cosas.
¿Qué sentido tiene una fotografía en un periódico o un homenaje? ¿Qué sentido tiene tomar una pastilla o ir de vacaciones? ¿Qué sentido tiene levantarse, pelear, vivir...? La Red vinculó diferentes formas de afectación, diferentes modos de implicación, distintas sensibilidades enlazadas por la necesidad de plantar cara a lo absurdo y de crear sentidos para seguir viviendo.